Todo se vuelve urgente,
Todo caos, vida pendiente.
No te relajas, Ni relajado.
No te salvas, ni aún aprobado.
Semanas duras, Letra tras letra,
El ojo empuña.
Pisca tras pisca,
El alma es más lista.
Como sí dé a sorbitos se bebiera,
El conocimiento, en verano y primavera.
Justa la palabra,
Que la pluma escribe.
Justa la lengua,
Que como buen sable se presta a la batalla.
Que en la justa cara a cara,
Discípulo y maestro,
De marras al conocimiento.
Que se muestra extenso, rudo, corpulento.
Y en un mes vuelve la más mala,
Esa época de encierro,
De libro y claustro adentro.
No sales,
Ni te distraes,
No piensas, ni en bañarte.
Sólo Que te apruebe, que una bomba te salve.
Todo es urgente, en las semanas de la convocatoria.
Todo menos la vida urgente,
Esa que vive huyendo de la muerte.
Ahora encadenada, la libido y la gana.
Que salir esta prohibido,
Que mejor te quedes tranquilo.
No bebas, ni juegues, al de amor bandido.
No te pases de la línea,
De una sola al día.
No más besos que de buenos días.
Y si me ves en la calle,
Verás un anima perdida.
Un centurión de la canalla,
Un fantasma que da la talla.
Como descalabró mórbido,
Que de soplo al olvido,
Y de boca a los libros.

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